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jueves, 31 de enero de 2013

Casquitos de guayaba "ya tu sabeh"





Desde hace tiempo, Nory (mi amiga cubana) y yo habíamos planeado hornear galletas de chocolate para vender en la oficina, juntar dinero e irnos juntas a Cuba. Por una u otra razón no lo habíamos hecho (principalmente porque somos bien sociables y tenemos muchas actividades), pero esta semana juntamos fuerzas de voluntad y nos reunimos.

Aprovechando que estábamos de chefs preparamos estos casquitos de guayaba cubanos que -perdonen mi francés, pero no hay otra forma de decirlo- no tienen madre. Me gustaron tanto que estoy pensando seriamente en cambiar el nombre de este blog a "De casquitos de guayaba y otras delicias". Ya no puedo aguantar para ir a Cuba :)


Ingredientes


2 kilos de guayabas

Azúcar morena
Canela recién molida
Agua pura
Queso doble crema (si es del mercadito, mejor)
Anís (opcional)

Preparación


Lava las guayabas, córtales el rabo y pélalas. 

Quítales la pulpa hasta que queden huecas (o pídele a una cubana que lo haga por ti, lo hacen mucho mejor). Colócalas al fuego con la llama baja; cúbrelas con agua y añade dos tazas de azúcar, la canela y el anís. Deja que cueza sin tapa durante aproximadamente una hora y media, hasta que se forme un almíbar, las guayabas estén blandas y la cocina se haya inundado con un olor delicioso. Sirve en un plato hondo con el almíbar y acompaña con un trozo de queso.





jueves, 30 de agosto de 2012

Galletas au chocolat


 


Hace un par de años mi papá tuvo una novia coreana, H. Él le compró un libro con recetas de galletas, el mejor que he visto. Se veían tan ricas que me animé a hacerlas por primera vez (*suspiro*). Quedaban muchas recetas por preparar cuando lo inevitable sucedió: H se fue y, entre otras cosas, se llevó el libro. ¡Maldita! Lo busqué en cuanta librería se me atravesó y me decían que estaba agotado. Así que puse a trabajar mi memoria y me acordé: 2 tazas de harina, 1 huevo, sal... Poco a poco la fui reconstruyendo e incluso mejorando. Esta versión la adapté para no usar azúcar, por eso de que no me gustan los postres tan dulces y de que intento comer sano.

Otra cosa: estas galletas me han ayudado a superar días difíciles de fin de quincena; las llevo a la oficina y las vendo como pan caliente. Ahí por si lo quieren intentar.


Ingredientes


2 tazas de harina integral
1/2 cucharadita de polvo para hornear
1/4 cucharadita de bicarbonato de sodio
1/4 cucharadita de sal
1/2 taza de cocoa en polvo sin azúcar (yo uso Hershey's)

140 gramos de mantequilla ablandada
1 taza de miel de maguey (si quieren usar azúcar mascabado, usen media taza menos de harina)
1 huevo
1 chorrito de vainilla líquida

Chispas de chocolate, nueces, almendras picadas... lo que se les ocurra.

Preparación

Pasa la harina, los polvos, la sal y cocoa por un colador. Mezcla bien. En otro recipiente, bate la mantequilla con una palita de hule hasta que se acreme y tome un color amarillo pálido. Añade la miel, el huevo y la vainilla y revuelve. Mezcla con la harina, añade las chispas y nueces. La masa tiene que quedar firme y no pegarse a las manos; si esto pasa, añade más harina. Haz una bola y mójate las palmas de las manos; toma pedazos de masa y forma bolitas de aproximadamente 5 centímetros de diámetro. Colócalas sobre una charola engrasada con unos 5 centímetros de separación entre ellas. No las aplastes, solitas se expandirán. Hornea por 20-25 minutos a 160 grados centígrados, o hasta que cuando las toques con el dedo, se hundan y vuelvan a inflar como una esponja. No las dejes demasiado tiempo o se endurecerán. Sácalas del horno y déjalas enfriar sobre una rejilla. 


Les dejo un video de las Au Revoir Simone haciendo galletitas para que se motiven:



lunes, 23 de julio de 2012

Gelatina de cajeta "y así"

Las gelatinas siempre me han dado flojera. Son etéreas, insustanciales, abstractas (y ya me estoy pareciendo a Miguel, el exnovio de Pola que sufre de una rara enfermedad llamada filofilia). Sólo a una gelatina le permito entrar en mi estómago: la de cajeta, y no cualquiera, sino sólo la que hace mi mamá. Les comparto la receta por si algún día quieren, no sé, sorprenderme o algo. 

Pueden adaptarla para hacer una versión saludable.  Les recomiendo usar cajeta orgánica (la de Aires de Campo es buenísima) y hacer su propia leche condensada

Ingredientes

3 tazas de agua
1 taza de leche condensada
1 1/2 tazas de cajeta
3 yemas de huevo batidas
4 sobres/cucharadas de gelatina sin sabor
1 lata de media crema

Preparación

En un cazo, pon al fuego las 3 tazas de agua con la leche condensada y la cajeta. Revuelve bien; antes de que hierva, incorpora 3 yemas batidas y sigue removiendo. Disuelve la gelatina sin sabor en una taza de agua fría y luego derrite en el microondas; agrega a la mezcla anterior y revuelve bien. Por último, agrega la media crema, cuela y refrigera hasta que cuaje.




lunes, 2 de julio de 2012

Let's Get Ready To Crumbleeee!


Hoy fue un día gris en más de un sentido. Llovió mucho, estoy cansada y tenemos nuevo presidente. Aunque podría volverme emo, ver una comedia de Sacha Baron Cohen o comerme un litro de helado de chocolate, prefiero desahogar mis penas en la cocina y escribiendo en este blog.

A principios de junio viajé a Guatemala; conozco bien la ciudad porque ahí nació mi mamá y la he visitado varias veces desde niña. Lo que más me ha gustado siempre de esta tierra (además de sus enormes tiendas donde los chinos venden ropa a precio de maquila) es su comida… y sus paisajes, el color de la ropa de las mujeres indígenas y estar con mi familia­.

Hace más de cinco años que no iba a Guate, desde que murió mi abuelita. Esta vez, fuimos a lugares nuevos que nadie debería dejar de conocer: uno de ellos es Panajachel, un hermoso pueblito a la orilla del lago Atitlán, a su vez resguardado por dos imponentes volcanes. Ahí se venden artesanías, libros usados y muchos, muchos chocolates. En una esquina, descubrí una tiendita donde una señora vendía chocolates artesanales con cardamomo, naranja, clavo, chile y macadamia. Creo que ése se ha convertido en mi lugar favorito del mundo mundial.

En fin, para no hacerles el cuento largo, en Antigua compré nueces de macadamia y nueces de la india (allá las llaman “nuez marañón” porque son parte del marañón, una fruta que aquí casi ni conocemos). Así que de regreso aproveché un rato de ocio (ay, cómo extraño los ratos de ocio…) y me puse a cocinar con lo que había traído.

Ingredientes

3 peras o manzanas (las manzanas son más dulces, las peras son de sabor más sutil)
Una taza de azúcar mascabado
Vainilla líquida
¾ de taza de nueces de macadamia picadas finamente
1 barra de mantequilla
Una barra de chocolate oscuro (el mío tenía naranja)
Una taza de harina

Preparación

Cortamos las manzanas o peras en cuadritos y las ponemos en un cazo a fuego bajo con un poco de azúcar (aproximadamente 1/3 de la taza) y un chorrito de vainilla. Dejamos que se ablande, se entibie y colocamos sobre un molde redondo.

Para hacer el crumble, mezclamos la harina con la mantequilla ablandada hasta hacer una pasta con muchos grumos. Añadimos el azúcar, una pizca de sal marina triturada y las nueces en trozos. Desmenuzamos encima de la mezcla de peras o manzanas hasta cubrir por completo. Para terminar, colocamos trozos del chocolate por encima y metemos en el horno por unos 20 minutos.







miércoles, 23 de mayo de 2012

Nieve de vainilla y lavanda

Mientras leen mi sermón, pueden escuchar la linda canción que les dejé al final.



La lavanda me remite a tranquilidad, sosiego, tiempo para estar conmigo misma… todo lo que en los últimos meses no he tenido. Vivo una paradoja (y sé que no soy la única): trabajo y estudio para ser libre, para no depender de una mano ajena que me alimente, pero paso mis días frente entre cuatro paredes, frente a un monitor. No me tomen a mal, no me quejo de tener trabajo, sino todo lo contrario.

 Una de las actividades que más extraño desde que me convertí en Godínez es cocinar. Sí cocino, a veces, pero en las noches, cansada y con prisa. Antes pasaba tardes enteras cocinando con Marluz, platicando, experimentando con sabores y escuchando música de los Beatles.  Pero no me preocupo: esos días volverán cuando por fin vivamos en nuestra comuna hippie, orgánica y autosustentable.

Mi ñoñez me dice que la cocina debería ser una actividad terapéutica, energizante, revolucionaria… una actividad que implique los cinco sentidos y que nos permita desarrollarlos; una relación comunitaria que se exprese en la compra de ingredientes locales, la preparación de alimentos en compañía de otros y su disfrute en colectivo. Si no es así, cocinar para mí pierde todo su sentido.

Cuando mi querida Pola me regaló una planta de lavanda, me puse a imaginar qué podría hacer con ella. Galletas, una nieve, un pastel… la verdad es que lo de menos era encontrar qué hacer con esta flor; me emocionaba sobre todo planear, buscar los ingredientes, cocinar y compartir el resultado. Comparto depa con una roomie, quien por cierto está de viaje, y no tengo nadie a quien darle a probar mi experimento (suena en mi inconsciente la voz de mi hermana que se ríe mientras murmura “Forever Alone”). Vengan a visitarme, vivo cerca.

Ingredientes



2 tazas de leche entera
1 cucharadita de vainilla natural
1 cucharada de flores de lavanda frescas
 ¾ taza de miel de abeja
3 yemas de huevo
Una taza de nata líquida

(Ustedes perdonen que no utilice medidas exactas, como mililitros y esas cosas, pero dejé mi taza medidora en casa de mi mamá e hice la receta con viles tazas de té)

Preparación

Lo primero que tenemos que hacer es preparar una infusión de leche con lavanda. Colocamos la leche en una olla pequeña, la calentamos y, cuando esté a punto de hervir, agregamos las flores de lavanda previamente lavadas y la vainilla líquida. Es importante no perder de vista la leche, pues si hierve se separarán las proteínas de la grasa y tendremos como resultado una mezcla nada agradable a la vista. Dejamos la infusión de lavanda unos 10 minutos y probamos. Si el sabor aún no nos convence, podemos dejar unos minutos más. Cuando nos guste y nos sepa a lavanda, entonces podemos quitar las flores.

Por otro lado, batimos ligeramente los huevos y añadimos la miel, revolvemos. Cuando la infusión de leche y lavanda esté fría, añadimos lentamente a la mezcla de miel y seguimos revolviendo. Colocamos nuevamente en la olla y calentamos a fuego medio hasta que espesa un poco.

Yo no encontré nata líquida; encontré de la espesa, así que la metí unos segundos en el microondas. Ya que la mezcla de la olla está a temperatura ambiente, mezclamos con la nata hasta obtener una pasta homogénea. Colocamos sobre un refractario y metemos al congelador.

Si son cocineros nocturnos como yo, entonces nos vamos a la cama, contamos borregos e intentamos dormir. Al día siguiente, sacamos la nieve del congelador, dejamos unos minutos para que se derrita un poco y batimos. Volvemos a meter al congelador un par de horas y sacamos unos minutos antes de servir. Yo la decoré con un par de moras azules.

Como comprobarán si la hacen, esta nieve tiene un sabor muy sutil, ligeramente perfumado y que no se asemeja a ningún otro. Si se les ocurre alguna variación, les pido sean tan amables de compartirla conmigo. ¡Larga vida al helado!


Mis amigas bloggers hicieron sus propias creaciones con lavanda: unas cocinaron recetas, otras elaboraron manualidades, otras dieron rienda suelta a su imaginación y escribieron historias... Aquí las pueden visitar:

Salmón a la lavanda, de La Hormiga Cocinera
Cajita con lavanda, de De Colita Gris