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martes, 5 de febrero de 2013

Mini quiches de hongos y queso


Quienes trabajan desde temprano, ¿van a negar que desayunan lo primero que se encuentran en el refri o, peor aún, en la calle? Es comprensible: lo último que quieren después de un día pesado es meterse horas en la cocina a prepararse un desayuno "gourmet". Pero para desayunar rico y sano sólo son necesarios unos cuantos minutos.

Para preparar estos mini-quiches (un clásico de la cocina francesa) se necesitan ingredientes muy básicos, que probablemente ya tengan en casa. El ingrediente principal es el huevo, los demás pueden variar: hongos, setas, pimientos, espinacas, queso de cabra con jitomates... yo los hice con champiñones y queso manchego.


Ingredientes

Huevos (aproximadamente 3)
Champiñones cortados en cuadritos
Queso manchego rallado

Sal
Pimienta
Las especias que encuentres en tu alacena


Preparación

Usa una charola con moldes para muffins; engrasa tres y llena el resto con agua. Mezcla en un recipiente el huevo (ligeramente batido), el queso, los champiñones y sazona con la sal, pimienta y especias. Hornea a 150 grados centígrados, por unos 30 a 40 minutos o hasta que la superficie se vea dorada. No abras el horno mientras se estén inflando o su centro se hundirá y te quedará una cosa horrible. Espera a que enfríen un poco y saca del molde.




martes, 18 de diciembre de 2012

Calabacitas apocalípticas


Siempre he creído que es perfectamente posible llevar una dieta vegetariana sin morir de hambre ni terminar en el consultorio de un nutricionista mientras tu mamá repite "te lo dije". Por supuesto que para lograrlo es necesario informarte, aprender a escuchar a tu cuerpo y sobre todo tener mucha disciplina. Uf, nada más y nada menos...

Los vegetarianos aprenden poco a poco a valorar su salud y disfrutar el sutil sabor de los alimentos, sin necesidad de que estén llenos de sal, caldo de "pollo" en polvo y cosas raras como glutamato monosódico (regla número uno: nunca comas nada que no puedas pronunciar).

A ver escépticos, ¿qué pero le ponen a mis calabacitas?

Ingredientes

Calabacitas
Requesón, queso panela o tofu blando
Semillas de girasol
Sal marina
Un poco de caldo miso o salsa de soya (no es imprescindible)

Hierve las calabacitas unos cuantos minutos, hasta que adquieran un color intenso. No dejes que hiervan de más o perderán sus propiedades y textura y no sabrán igual. Córtalas a la mitad por lo largo y retira la pulpa con una cuchara. En un tazón, mezcla la pulpa (quizá tengas que aplastarla un poco con un aplasta-papas o un tenedor), el queso triturado con los dedos o tofu y sazona con sal marina, caldo miso o salsa de soya. Rellena las calabacitas con esta mezcla y lleva al horno por unos 20 minutos o hasta que el queso esté dorado. Sirve con arroz integral.

lunes, 1 de octubre de 2012

Croquetas de avena 100% guilt-free


Ya sé que no he escrito en un buen rato, pero compréndanme: tuve que hacer un (arduo) viaje de trabajo a tierras mayas y ni un segundo me quedó para pensar en mi querido blog. La última vez que cociné (hace ya más de 10 días) hice estas croquetitas de avena; aunque suene a cliché, son muy ricas, fáciles de hacer y súper saludables. Lo mejor: son completamente guilt-free. ¡Veganos del mundo, uníos!

Ingredientes
Avena en hojuelas
Cebolla
Perejil fresco
1 huevo

Para el caldillo:
Tomates
Cebolla
Ajo
Sal marina

Preparación

Pica la cebolla y el perejil. Mezcla con las
hojuelas de avena; forma bolitas y aplástalas para que se compacten. Envuelve con un huevo ligeramente batido y dora en aceite de oliva. Para el caldillo, licúa todos los ingredientes con un poco de agua y después hierve hasta que espese la salsa. Baña las croquetas y sirve.



viernes, 24 de agosto de 2012

Crema de cacahuate casera

La crema de cacahuate es uno de mis ingredientes favoritos, pero la que venden en el súper tiene mucha azúcar para mi gusto, por lo que prefiero hacer la mía en mi casa. Es muy sencillo, pero debo advertirles que aplastar los cacahuates es un ejercicio arduo y puede sustituir unas cuantas horas en el gimnasio. Aún así, el resultado vale la pena.

Ingredientes
Cacahuates (puedes usar otras semillas como nuez, ajonjolí y almendras)

Preparación

Tuesta ligeramente los cacahuates sin cáscara. Muélelos en seco (yo usé un molcajete de piedra) hasta que se forme una pasta. Guarda la crema en un recipiente hermético; te durará unos dos meses fuera del refrigerador.




miércoles, 22 de agosto de 2012

Pastel de zanahoria y cacahuate


En épocas de crisis, ser vegetariano es una bendición. Y también en épocas de no-crisis. Quienes no comemos carne solemos ser más creativos en la cocina, explorar con más ingredientes, sensibilizarnos a otros sabores y gastar mucho menos en comida. Los vegetarianos sabemos que hay un vasto universo que va mucho más allá de las hamburguesas y pechugas de pollo asadas.

Esta receta es muy barata, deliciosa y no tiene un gramo de maldad. Ya saben a qué me refiero: a esas hormonas malvadas del pollo que se meten en nuestro cuerpo y nos lastiman con saña, a los antibióticos de la carne que nos vuelven resistentes a ciertas bacterias y todas esas cosas dignas de una película apocalíptica de ciencia ficción.

Les recomiendo servir recién salido del horno y acompañar con ensalada griega. Si se les antoja un postre, pueden hacer esta natilla de cajeta.



Ingredientes

2 cucharadas de aceite de cacahuate, maíz, sésamo u oliva
2 cucharadas de cebolla picada
2 cucharadas de perejil picado
1/2 taza de mantequilla de cacahuate casera
1 taza de tomate molido
1 pizca de sal marina
1 huevo batido
1 taza de zanahoria rallada
1/2 taza de germen de trigo tostado
1/2 taza de pan integral rallado


Preparación

Fríe la cebolla y el perejil. Suaviza la mantequilla de cacahuate con el jitomate y añade el resto de los ingredientes mezclando bien. Extiende en un refractario engrasado y hornea a 175 grados centígrados durante aproximadamente 40 minutos. 




 


lunes, 20 de agosto de 2012

Ensalada griega reivindicadora




Para quien no lo sepa, vivo sola desde hace unos nueve meses; desde entonces trabajo en una oficina y pago mis cuentas como puedo. Lo que más me gusta de vivir sola es que puedo gestionar mi tiempo como me venga en gana; lo que menos (aunque suene a cliché), es que tengo que lavar mi ropa, lavar los trastes, cocinarme diario o comer de lo que cocina doña Martita en mi trabajo y, sobre todo, enfrentar mi mamitis aguda.

Ahora sólo me da tiempo de cocinar de vez en cuando. Además no soy de las que cocina cualquier cosa; nunca cocino carne (y la única vez que lo hice mi novio me dijo que mis albóndigas estaban "comestibles"), casi siempre preparo recetas vegetarianas o postres, claro, sin azúcar ni harina blancas. Es que soy bien especial.

La receta de esta semana fue motivada por dos reflexiones profundas:

1. Si juntas lechuga y tomate, no puedes decir que ya hiciste una ensalada.
2.  Las ensaladas no son un simple acompañamiento de la carne. ¡No, señores!

Los vegetarianos entenderán la trascendencia de estas reflexiones. Es tiempo de dejar atrás los prejuicios culinarios y aprender a cocinar sanamente, a sacar lo máximo de los vegetales frescos sin que nos parezcan aburridos. Esta ensalada es un primer paso.


Ensalada griega


Ingredientes

2 tomates no tan maduros
Sal marina
1 pepino mediano
1/2 cebolla morada
1 pimiento rojo pequeño
1/4 de taza de aceitunas negras
1/2 taza de queso feta

Para la vinagreta:

2 cucharaditas de vinagre de vino tinto
1 cucharadita de jugo de limón
2 cucharaditas de orégano fresco picado
Pimienta negra recién molida
6 cucharadas de aceite de oliva extra virgen


Preparación

Corta los tomates en cubos; pela y corta rebanadas gruesas del pepino (córtalo a la mitad a lo largo y con una cuchara remueve las semillas); pela y corta la cebolla en rebanadas delgadas; corta a la mitad, quita las semillas y rebana el pimiento rojo; enjuaga y rebana las aceitunas.

Sazona los pepinos, tomates y la cebolla con sal. Mezcla los vegetales y añade la vinagreta, probando poco a poco para no ponerle demasiada. Deja reposar la ensalada por unos minutos para que los sabores se mezclen mejor. Antes de servir, revuelve de nuevo y añade el queso y las aceitunas. Añade el resto de la vinagreta.

Puedes servir la ensalada sobre hojas de lechuga romana y añadir unas cuantas anchoas en salmuera (escurridas y enjuagadas).

domingo, 12 de agosto de 2012

Bruschettas hipsters


Éste no fue un viernes cualquiera. Invité a cenar a mis amigos ñoños: Pola, Miguel, Ulises y Brenda, y también a Javier, mi novio ingeniero que se pasó la mitad de la noche con cara de desconcierto (¿y cómo juzgarlo si una de nuestras conversaciones giró en torno de los puntos y comas…?).

Para las 11 de la noche todos pedíamos comida a gritos y algunos hasta se atrevieron a sugerir que pidiéramos una pizza. Entonces supe que era momento de poner manos a la obra y preparé unas bruschettas –una especie de tapas italianas– para matar el hambre hasta que estuviera listo “lo mero bueno”.

Después vinieron el pastel de carne con papas de Miguel, el pastel de blueberries y durazno de Pola y hartas copas de vino tinto. Canciones de Florence + the Machine, Alberto Vázquez y finalmente las ineludibles salsas y cumbias. A mitad del bailongo caímos en la cuenta de que teníamos clase la mañana siguiente y nos fuimos todos a dormir.

Si pretenden tener una reunión “hippie-chic” como la mía, esta botana es una excelente opción. Los ingredientes no costarán más de $100 y el tiempo de preparación es menor de 30 minutos. No olviden el playlist con las canciones del momento y una que otra de Willie Colón.


Ingredientes

1 baguette
Aceite de oliva
2 tomates ovalados
Alubias blancas cocidas (yo las encontré ya cocidas en la sección gourmet del súper)
1 apio
1 diente de ajo triturado
1 limón amarillo
Vinagre de vino tinto
Pimienta molida
Sal marina molida
Hojitas frescas de albahaca

Procedimiento

Corta el pan en rebanadas, colócalas sobre una charola, úntales aceite de oliva con una brocha de cocina y hornéalas hasta que se doren. Por otro lado, corta en cuadritos los tomates y el apio, machaca el diente de ajo y mezcla todo lo anterior con las alubias escurridas. Sazona con jugo de limón, vinagre de vino tinto, sal, pimienta y albahaca picada. Revuelve todo y coloca cucharaditas de la mezcla encima del pan. Sirve con un buen vino (mis favoritos son Lat 42, Las Moras y Mas La Plana).




lunes, 23 de julio de 2012

Gelatina de cajeta "y así"

Las gelatinas siempre me han dado flojera. Son etéreas, insustanciales, abstractas (y ya me estoy pareciendo a Miguel, el exnovio de Pola que sufre de una rara enfermedad llamada filofilia). Sólo a una gelatina le permito entrar en mi estómago: la de cajeta, y no cualquiera, sino sólo la que hace mi mamá. Les comparto la receta por si algún día quieren, no sé, sorprenderme o algo. 

Pueden adaptarla para hacer una versión saludable.  Les recomiendo usar cajeta orgánica (la de Aires de Campo es buenísima) y hacer su propia leche condensada

Ingredientes

3 tazas de agua
1 taza de leche condensada
1 1/2 tazas de cajeta
3 yemas de huevo batidas
4 sobres/cucharadas de gelatina sin sabor
1 lata de media crema

Preparación

En un cazo, pon al fuego las 3 tazas de agua con la leche condensada y la cajeta. Revuelve bien; antes de que hierva, incorpora 3 yemas batidas y sigue removiendo. Disuelve la gelatina sin sabor en una taza de agua fría y luego derrite en el microondas; agrega a la mezcla anterior y revuelve bien. Por último, agrega la media crema, cuela y refrigera hasta que cuaje.




lunes, 2 de julio de 2012

Let's Get Ready To Crumbleeee!


Hoy fue un día gris en más de un sentido. Llovió mucho, estoy cansada y tenemos nuevo presidente. Aunque podría volverme emo, ver una comedia de Sacha Baron Cohen o comerme un litro de helado de chocolate, prefiero desahogar mis penas en la cocina y escribiendo en este blog.

A principios de junio viajé a Guatemala; conozco bien la ciudad porque ahí nació mi mamá y la he visitado varias veces desde niña. Lo que más me ha gustado siempre de esta tierra (además de sus enormes tiendas donde los chinos venden ropa a precio de maquila) es su comida… y sus paisajes, el color de la ropa de las mujeres indígenas y estar con mi familia­.

Hace más de cinco años que no iba a Guate, desde que murió mi abuelita. Esta vez, fuimos a lugares nuevos que nadie debería dejar de conocer: uno de ellos es Panajachel, un hermoso pueblito a la orilla del lago Atitlán, a su vez resguardado por dos imponentes volcanes. Ahí se venden artesanías, libros usados y muchos, muchos chocolates. En una esquina, descubrí una tiendita donde una señora vendía chocolates artesanales con cardamomo, naranja, clavo, chile y macadamia. Creo que ése se ha convertido en mi lugar favorito del mundo mundial.

En fin, para no hacerles el cuento largo, en Antigua compré nueces de macadamia y nueces de la india (allá las llaman “nuez marañón” porque son parte del marañón, una fruta que aquí casi ni conocemos). Así que de regreso aproveché un rato de ocio (ay, cómo extraño los ratos de ocio…) y me puse a cocinar con lo que había traído.

Ingredientes

3 peras o manzanas (las manzanas son más dulces, las peras son de sabor más sutil)
Una taza de azúcar mascabado
Vainilla líquida
¾ de taza de nueces de macadamia picadas finamente
1 barra de mantequilla
Una barra de chocolate oscuro (el mío tenía naranja)
Una taza de harina

Preparación

Cortamos las manzanas o peras en cuadritos y las ponemos en un cazo a fuego bajo con un poco de azúcar (aproximadamente 1/3 de la taza) y un chorrito de vainilla. Dejamos que se ablande, se entibie y colocamos sobre un molde redondo.

Para hacer el crumble, mezclamos la harina con la mantequilla ablandada hasta hacer una pasta con muchos grumos. Añadimos el azúcar, una pizca de sal marina triturada y las nueces en trozos. Desmenuzamos encima de la mezcla de peras o manzanas hasta cubrir por completo. Para terminar, colocamos trozos del chocolate por encima y metemos en el horno por unos 20 minutos.







lunes, 11 de junio de 2012

Ensalada de los tomates asesinos

A simple vista, esta ensalada parece un vil tomate (no digo que los tomates sean viles, pero un tomate no es una ensalada...) colocado boca abajo, pero al partirlo uno se encuentra con la agradable sorpresa de que está relleno.

Mi madre probó esta receta en un hotel de Cuernavaca; le encantó, y, después de presumírmela como medio siglo, la hizo para una cena a la cual me auto-invité.

Como ya me conocen y soy bien compartida, ahí les va la receta:

Ingredientes

Tomates medianos
Jocoque seco
Aguacates en su punto
Queso de cabra (opcional)
Aceitunas negras
Lechuga
Vinagre balsámico
Aceite de oliva

Preparación

Se meten los tomates en agua hirviendo durante unos segundos, sólo lo suficiente para que la cáscara se desprenda fácilmente. Se les quita la cáscara y el relleno, con ayuda de una cuchara. Entonces se rellenan con aguacate suavizado (hasta el fondo), jocoque mezclado con queso de cabra (o solo) y, hasta el final, en la base, con aceitunas negras picadas. Se sirve boca abajo, de modo que no se vea el relleno, sobre una hoja de lechuga y se cubre con vinagre balsámico. Se sirve con una hojita de albahaca y se espera a que comiencen los elogios.


P.D. No dejen de ver El Ataque de los Tomates Asesinos, una verdadera joya cinematográfica.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Nieve de vainilla y lavanda

Mientras leen mi sermón, pueden escuchar la linda canción que les dejé al final.



La lavanda me remite a tranquilidad, sosiego, tiempo para estar conmigo misma… todo lo que en los últimos meses no he tenido. Vivo una paradoja (y sé que no soy la única): trabajo y estudio para ser libre, para no depender de una mano ajena que me alimente, pero paso mis días frente entre cuatro paredes, frente a un monitor. No me tomen a mal, no me quejo de tener trabajo, sino todo lo contrario.

 Una de las actividades que más extraño desde que me convertí en Godínez es cocinar. Sí cocino, a veces, pero en las noches, cansada y con prisa. Antes pasaba tardes enteras cocinando con Marluz, platicando, experimentando con sabores y escuchando música de los Beatles.  Pero no me preocupo: esos días volverán cuando por fin vivamos en nuestra comuna hippie, orgánica y autosustentable.

Mi ñoñez me dice que la cocina debería ser una actividad terapéutica, energizante, revolucionaria… una actividad que implique los cinco sentidos y que nos permita desarrollarlos; una relación comunitaria que se exprese en la compra de ingredientes locales, la preparación de alimentos en compañía de otros y su disfrute en colectivo. Si no es así, cocinar para mí pierde todo su sentido.

Cuando mi querida Pola me regaló una planta de lavanda, me puse a imaginar qué podría hacer con ella. Galletas, una nieve, un pastel… la verdad es que lo de menos era encontrar qué hacer con esta flor; me emocionaba sobre todo planear, buscar los ingredientes, cocinar y compartir el resultado. Comparto depa con una roomie, quien por cierto está de viaje, y no tengo nadie a quien darle a probar mi experimento (suena en mi inconsciente la voz de mi hermana que se ríe mientras murmura “Forever Alone”). Vengan a visitarme, vivo cerca.

Ingredientes



2 tazas de leche entera
1 cucharadita de vainilla natural
1 cucharada de flores de lavanda frescas
 ¾ taza de miel de abeja
3 yemas de huevo
Una taza de nata líquida

(Ustedes perdonen que no utilice medidas exactas, como mililitros y esas cosas, pero dejé mi taza medidora en casa de mi mamá e hice la receta con viles tazas de té)

Preparación

Lo primero que tenemos que hacer es preparar una infusión de leche con lavanda. Colocamos la leche en una olla pequeña, la calentamos y, cuando esté a punto de hervir, agregamos las flores de lavanda previamente lavadas y la vainilla líquida. Es importante no perder de vista la leche, pues si hierve se separarán las proteínas de la grasa y tendremos como resultado una mezcla nada agradable a la vista. Dejamos la infusión de lavanda unos 10 minutos y probamos. Si el sabor aún no nos convence, podemos dejar unos minutos más. Cuando nos guste y nos sepa a lavanda, entonces podemos quitar las flores.

Por otro lado, batimos ligeramente los huevos y añadimos la miel, revolvemos. Cuando la infusión de leche y lavanda esté fría, añadimos lentamente a la mezcla de miel y seguimos revolviendo. Colocamos nuevamente en la olla y calentamos a fuego medio hasta que espesa un poco.

Yo no encontré nata líquida; encontré de la espesa, así que la metí unos segundos en el microondas. Ya que la mezcla de la olla está a temperatura ambiente, mezclamos con la nata hasta obtener una pasta homogénea. Colocamos sobre un refractario y metemos al congelador.

Si son cocineros nocturnos como yo, entonces nos vamos a la cama, contamos borregos e intentamos dormir. Al día siguiente, sacamos la nieve del congelador, dejamos unos minutos para que se derrita un poco y batimos. Volvemos a meter al congelador un par de horas y sacamos unos minutos antes de servir. Yo la decoré con un par de moras azules.

Como comprobarán si la hacen, esta nieve tiene un sabor muy sutil, ligeramente perfumado y que no se asemeja a ningún otro. Si se les ocurre alguna variación, les pido sean tan amables de compartirla conmigo. ¡Larga vida al helado!


Mis amigas bloggers hicieron sus propias creaciones con lavanda: unas cocinaron recetas, otras elaboraron manualidades, otras dieron rienda suelta a su imaginación y escribieron historias... Aquí las pueden visitar:

Salmón a la lavanda, de La Hormiga Cocinera
Cajita con lavanda, de De Colita Gris